Crisis hídrica en Chile

 

¿Cuántos litros de agua crees que usaste hoy en tu ducha? ¿cuántos litros crees que consumes en un día? Quienes vivimos en zonas urbanas, probablemente no dimensionamos la cantidad de agua que usamos en nuestras rutinas, porque podemos disponer de ella simplemente abriendo la llave.

En Chile, en promedio consumimos 170 litros de agua al día, pudiendo incluso llegar a más de 600 litros en zonas acomodadas de la capital. Sin embargo, para más de 1 millón de chilenos que viven en sectores rurales y precarizados, la pregunta que deben resolver es ¿cómo puedo sobrevivir con 50 litros de agua al día, o incluso menos?. Y si no actuamos pronto, en menos de 10 años estaremos todos viviendo la crisis hídrica en carne propia. 

A nivel mundial, se estima que para el año 2030 tendremos un déficit hídrico del 40%. En este escenario gravísimo, Chile se encuentra en el top 30 de países más afectados por la sequía (y top 1 en Latinoamérica), y no es algo nuevo: hace más de 11 años que nuestro país enfrenta una mega sequía, y actualmente el 72% del territorio nacional está afectado en algún grado.

Lo peor de todo, es que al igual que la pandemia, la sequía golpea con más dureza a los hogares más vulnerables, donde la falta de agua es sinónimo de pobreza. Miles de familias que pertenecen a la agricultura familiar campesina, al no poder regar y no tener grandes ingresos para invertir en soluciones que mitiguen la falta de agua -como estanques y pozos profundos-, han debido sacrificar árboles y cosechas completas, perdiendo su única fuente de ingreso. Esto nos afecta directamente a cada uno de nosotros como chilenos, ya que estas familias proveen más del 80% del abastecimiento de alimentos como frutas, verduras y hortalizas que consumimos. 

Si bien el problema hídrico es multifactorial, en nuestro país tenemos una gran deuda por saldar: defender el derecho humano de acceso al agua, garantizando a las personas una cantidad y calidad de agua mínima para sobrevivir. Esto se suma a la dispersión de la institucionalidad del agua en Chile, donde coexiste la DGA que administra los derechos de aprovechamiento de agua, las asociaciones de canalistas y juntas de vigilancia territoriales que gestionan las aguas entre distintos usuarios generalmente con fines de riego, los municipios que invierten en camiones aljibe para entregar agua para la subsistencia, las APRs que autogestionan la potabilización y distribución de agua en comunidades rurales, y otras 39 instituciones ciudadanas, autónomas o de gobierno, que poco conversan entre ellas. Así, tenemos en Chile un sistema disperso para gestionar un recurso que se agota día a día, que no espera a que nuestro Código de Aguas de 1981 se actualice. 

Ante la falta de agua y de apoyo institucional suficiente para sus necesidades, muchas personas en zonas de sequía crítica han acudido a una fuente alternativa de agua: las aguas grises, que provienen de duchas, lavado de manos y lavado de ropa. Gran parte de estas aguas se destinan al riego, pero cuando la necesidad es muy fuerte, también sirven para usos domésticos, como el llenado del estanque del inodoro. Pero la reutilización directa del agua gris es perjudicial para nosotros y el planeta, ya que los productos de limpieza, detergentes y jabones actúan como contaminantes para el medio ambiente y los cuerpos de agua, poniendo en riesgo la salud de las personas y causando un desequilibrio en el ecosistema.

Para ayudar a mitigar este problema se recomienda el uso de productos de limpieza biodegradables certificados por estándares como la OECD 301B, y como alternativa adicional, tratar el agua gris, para eliminar por completo los contaminantes antes de reutilizarla.

En Chile, la ley 21.075 regula esta materia y establece la obligatoriedad de contar con sistemas de tratamiento en los inmuebles que reciclen el agua gris. Pese a esto, el reglamento o “bajada de la ley” que establece las normas del juego, aún no entra en vigencia, por lo que el uso responsable del agua gris, hoy en día, depende de cada uno de nosotros.

Te invitamos a ser parte de la comunidad de recicladores y consumidores conscientes del agua, y así preservar este vital recurso para nosotros y para las futuras generaciones.

 

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