La verdad incómoda sobre la ropa (1) ¿Cuál es el verdadero costo de estar a la moda?

 

 

En los últimos 20 años, la ropa se ha vuelto tan barata que podemos comprarla muy seguido y a precios bajísimos. Esto es posible debido a que la industria textil está constantemente reduciendo los costos de producción, con serias consecuencias para el planeta y la vida de sus trabajadores. 

Fast Fashion: Velocidad, bajos precios, baja calidad

La “moda rápida” o Fast Fashion, se caracteriza por estar cambiando constantemente: cuando hace algunas décadas habían dos colecciones anuales (otoño-invierno y primavera-verano), hoy las grandes marcas están lanzando hasta ¡52 micro-colecciones por año! Sí, cada semana salen nuevas prendas, con irresistibles nuevos colores y nuevos estilos.

Considerando además los bajos precios y la baja calidad de las prendas, que van perdiendo su textura, forma y colores después de tan sólo un par de lavados, no es soprendente que estemos comprando ropa nueva constantemente. Esto no siempre fue así: hoy se producen 100 billones de prendas al año, 400% más que hace tan sólo dos décadas. Y sin embargo, se estima que al menos el 50% de nuestro clóset es ropa que ni siquera usamos!

El impacto medioambiental de la industria textil

La industria textil es la segunda más contaminante del planeta, después de la industria petrolera, generando más del 8% de las emisiones de gases de invernadero mundiales. Sin embargo, el daño medioambiental que provoca tiene muchas otras facetas y va mucho más allá de su alta huella de carbono. 

Fabricar ropa requiere de mucha agua: 5 trillones de litros de agua se usan en la industria de la moda cada año, y un 2.6% del agua dulce de todo el planeta se usa exclusivamente en la producción de algodón. Según datos de la ONU, la industria textil es responsable del 20% de la aguas residuales mundiales al año, y en muchos países el agua contaminada es liberada a los ríos y al océano sin ningún tipo de tratamiento. Estas aguas contienen numerosos químicos dañinos como el plomo, cromo, mercurio y arsénico, que son extremadamente tóxicos tanto para los ecosistemas acuáticos como para las humanos. 

La degradación de suelos es una de las principales amenazas medioambientales que estamos enfrentando a nivel mundial, y la industria textil es uno de sus mayores contribuyentes, por ejemplo, a través del uso de químicos y pesticidas en el cultivo de algodón, la deforestación de miles de hectáreas de bosques para la producción fibras de celulosa (rayón, modal, viscosa), o el sobrepastoreo para la producción de lanas.

Por otro lado, el 69% de la ropa está compuesta por fibras sintéticas derivadas del petróleo como el poliéster y el nylon, y cada vez que las usamos y/o lavamos estamos liberando millones de partículas de microplásticos que se están acumulando en los ecosistemas y entrando a nuestra cadena alimenticia.

A pesar del tremendo costo ambiental que requiere fabricarla, ¡el 85% de la ropa se convierte en basura! La fundación Ellen MacArthur estima que cada segundo el equivalente a un camión de basura lleno de desechos textiles se está incinerando o botando en vertederos.

El impacto social de la industria textil

La industria de la "moda rápida” no sólo explota recursos naturales, sino que también a sus trabajadores. En la constante búsqueda para rebajar al mínimo el precio final de las prendas y aun así aumentar sus márgenes de ganacias al máximo, los fabricantes instalan sus sitios de producción en países virtualmente sin regulaciones ni protecciones laborales, en donde pueden usar la mano de obra más barata posible y sin cumplir con estándares de seguridad. 

De acuerdo a la ONG Sustain Your Style ("Sustenta tu estilo"), en países como China, Bangladesh o India, en las plantas textiles se trabajan jornadas de 14 a 16 horas diarias, 7 días a la semana, por salarios insuficientes para vivir con dignidad. Millones de estos trabajadores son niños y niñas, que además se enfrentan a condiciones laborales extremadamente inseguras: edificios o galpones con nula ventilación, en donde están expuestos a accidentes, lesiones, incendios y enfermedades respiratorias por inhalación de polvo, humo, microplásticos, y otras sustancias tóxicas. 

En la mayoría de estas fábricas textiles, a los trabajadores les está prohibido formar sindicatos para defender sus derechos, y aquellos que lo intentan son amenazados, despedidos o agredidos, lo que dificulta enormemente cualquier tipo de acción colectiva.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Antes que cualquier acción concreta, como consumidores debemos empezar a examinar nuestros hábitos y valores respecto al vestuario, y al estatus que atribuimos culturalmente al no repetir nunca una tenida: ¿y si el usar una misma prenda incontables veces, ya no fuera sinónimo de “escasez”, sino que sinónimo de sustentabilidad

Tener un clóset reducido pero con ropa durable y de buena calidad es otra de las formas en que podemos contribuir a una sociedad más sustentable. Te invitamos a leer nuestra próxima nota de blog en donde te presentamos 3 pasos para decir NO a la Fast Fashion.